martes, 12 de enero de 2016

Cafés parisinos






Cuando hablamos de París, las primeras imágenes que nos llegan son el de La Torre Eiffel, también, su ambiente de fiesta, y, con razón, París es la gran metrópoli de los cafés, alrededor de 20 mil y que uno al lado de otro hacen un bello decorado y le da a la ciudad su originalidad, a cada esquina encontramos un espacio para la conversación e intercambiar ideas de arte, política, filosofía y de amor, o para pasar un momento sentado saboreando un rico café o una copa de vino.
El café es el sitio legendario y tradicional de la vida a parisina. Ha sido el lugar donde los ociosos de tiempos pasados iban a pasar horas sentados para disfrutar del calor del sitio. Frecuentado por los que no tenían calefacción en sus casas, como también, por comerciantes, artistas y artesanos. Podemos hablar de muchos de ellos, que por su tiempo y tradición, se han convertido en símbolos, iconos que representan momentos importantes de la vida parisina.
El Café Procope, café-restauran, el mas viejo de París, fundado en 1686, fue un sitio donde iban a comer: Voltaire, Danton, Robespierre y muchos otros de la intelectualidad de la Ciudad Luz. El Café- braseria La Coupole, fundado en 1927, es el templo del estilo Art-Deco, en Montparnasse. Fue el sitio donde se reunían Picasso, Modigliani, Hemingway, muchos de ellos, llamados “La Generación Perdida” por la escritora y mecenas Gertrudis Stein; artistas que entre la creación, vino, amores y pobreza, produjeron grandes obras que marcaron una época. Obras como: “Paris es una fiesta” de Ernest Hemingway, es un testimonio de ese momento.
Les Deux Magots, en el Barrio Saint Germain-des Prés, tiene su nombre de deux esculturas policromadas, que se encuentran en su interior, lugar des citas de grandes artistas, como: Picasso y sus amantes, Albert Camus, Leger, Frizgerard, Modigliani, Boris Vian, y conocido por las citas de Jean Paúl Sartre y Simone de Beauvoir, sitio que desde hace años ha marcado una época, sobre todo, con el surrealismo y más tarde con el existencialismo. Desde 1933 otorga el premio Les Deux Magots. El Barrio Latino es rico por la gran variedad de cafés, desde hace varios años hasta la década de los 70, ha sido un lugar donde la intelectualidad se reunió. Al presente, las grandes tiendas de moda, han venido tomando lugar y desplazando algunos cafés; los cafés han sido grandes promotores de la cultura creando premios para los pintores, escritores y poetas.
El Café de Flore, símbolo de movimientos políticos, a veces, de izquierda; otra, veces de derecha. Fue un sitio de reunión de grandes filósofos y de los surrealistas. Es un gran icono dentro de los cafés parisinos, hay otros como: Lipp, La Paix, Le Dome o la Palette, sobre todo, éste último, ha sido mi café preferido desde el año 1972. Espacio donde van los estudiantes de arte, intelectuales y pintores como: Cezanne, Picasso, Braque, marchantes de arte y galeristas. También, ha sido promotor de concursos de arte. Café La Palette, fundado en 1902. En la década de los 50, fue el sitio de reunión de pintores venezolanos.
En la actualidad, los cafés de la Plaza des Vosgues, en el barrio Le Marais, son sitios frecuentados por los turistas, que van en busca de atmosfera de fiesta, alegría y de cambios amistosos. Hoy, Le Marais, es lo que fue Montparnasse en la década de los 20, barrio de galerías, tiendas de moda, cafés… aquí, se encuentra un ambiente festivo, lo mismo, que en La Bastilla. Sentarse en un café nos conduce a otro tiempo y no vemos pasar las horas, eso es París.
Los centros de reunión y las personas van cambiando de lugares, los barrios se transforman y si antes fue Montmartre, Montparnasse, Barrio Latino y, hoy, son Le Marais, La Bastilla y, sobre todo, El Canal Saint Martin, éste último lugar, que ha tomado vida en los últimos 20 años, donde los parisinos van a comer, tomar café o vino, en sitios como Chez Prune o El Hotel du Nort ; cafés que reflejan un tipo de vida. Frecuentado por los BOBO, sacado de las palabras en frances “bourgeois y bohemio”, aéreas de cafés, creperías y restaurantes son espacios con especial originalidad y en donde muebles, y sillas viejas le dan un ambiente, que provoca quedarse, mientras, en el día pasan pequeños barcos con turistas. Lugar de reuniones de artistas e intelectuales, y de parisinos sintiendo que en París la fiesta continúa.

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Cuando yo tenía un año de edad

Las calles de mi barrio

Los sábados en mi barrio Los sábados en la noche había “espectáculo de calle”, palabras soeces, gritos, peleas y hasta sangre, eso era en mi barrio, muy cerca de “Los colerientos”. Ahí fueron enterradas las personas cuando la epidemia del cólera, hace muchos años atrás. Yo estaba pequeño, de uno 12 años, pero yo quería ver, oír, leer y sentir otra cosa. De repente y, sin casi darme cuenta, yo ya estaba sentado en la parte de atrás del Teatro Juárez dibujando las bailarinas del ballet de Taormina Guevara y tratando de acercarme a otra música diferente a la que se escuchaba en los botiquines y burdeles de mi barrio. Quise aprender a tocar violín, pero me decido por la pintura, que comparto con la fabricación de sorpresas para niños, las carreras de bicicleta, trabajé de buhonero, decorador de bares; de portero de la escuela de arte y más tarde profesor de paisaje. Un amigo italiano que yo visitaba llamado Chiafre y su esposa Aura, tenían una gran biblioteca; ojeando los libros encontré uno llamado “ Realidad natural y realidad abstracta” de Piet Mondrian. Ahí, en ese libro hay una conversación entre un pintor naturalista, un pintor abstracto y un aficionado a la pintura, en él se enfoca los diferentes puntos de vista que tienen los tres con relación al paisaje. Disfruté el libro hojeándolo y leyéndolo. Leí el libro de“Las cartas de Vicent Van Gogh a su hermano Theo. En ese tiempo, década de los 60, estaba en cartelera la película “ Sed de vivir” es la vida de Van Gogh y de Paúl Gauguin, interpretada por Antony Quinn y Kirk Douglas. Ya escucho a Beethoven, Bach, Mozart. Y de pronto estoy en Nueva York, (1964) en el Museo de Arte Moderno. Estoy sorprendido, ya no son las imágenes de un libro que yo veía en mi taller de Barquisimeto. Estoy frente a Guernica,(1937) estoy frente a un icono del arte moderno, frente a una obra de un gran mensaje, representa el bombardeo por los alemanes sobre la ciudad Vasca, Guernica. Es un cuadro contra la injusticia y la guerra. Ahí estaba esa obra de casi 8 metros por 4 metros, trabajada con blancos, grises y negros, y muchos dibujos previos a la misma. Quedé regocijado al estar frente a ella. Vi, también, de Picasso las obras: “La mona con su pequeño,” qué interesante es cuando comenzamos a detallar la obra y vemos que su cabeza está realizada con dos carritos de juguete, lo mismo que está expuesta, “Las señoritas de Aviñon”(1907), obra clave en el arte moderno, es el comienzo del cubismo, es la lección de Paúl Cezanne y de la influencia del arte africano. Ahora es Paris, la atmósfera de los impresionistas me impregna mi pupila, la obra “Impresión: sol naciente”(1872) de Monet me captura, lo mismo que “Los nenúfares,”como igualmente las obras de Cezanne, Van Gogh y otros artistas impresionistas y postimpresionistas. Disfruto sus obras, ya que durante años he visto las imágenes en los libros. La exposición “Luz y Movimiento” (1967)me sorprende por los planteamientos y donde El cinétismo y la geometría son el resultado de muchos años de búsquedas. Pasan los meses, ahora, estoy en Florencia y camino por sus calles, y al cruzar una esquina de repente veo la Catedral de Santa Maria de Fiore; me sentí pequeñísimo al ver algo tan majestuoso, en la ciudad de los Médicis, que habían sido comerciantes y banqueros. Y donde tantos artistas, con el apoyo de Lorenzo de Médicis, vivieron y desarrollaron sus obras, muchos artistas: Leonardo, Miguel Ángel, Botticelli, Rafael y, esa famosa cúpula realizada por Brunelleschi. Quedé otra vez, ¡boquiabierto!, y así fue lo mismo en Roma frente El Moisés de Miguel Ángel, en Roma y El David en Florencia, o en La Capilla Sixtina. Cada día estoy más lejos de esos sábados en mi barrio. Estoy disfrutando El Renacimiento, estoy viviendo los siglos XV al XVI. Han pasado los años, ahora con lagrimas en los ojos de la emoción, y ya casi cayendo en el Síndrome de Jerusalén, (sentirse o creerse un personaje bíblico) estoy viendo partes de “ Los manuscritos del mar Muerto” me siento como el pastor que por allá por en el año 1947, perdió una oveja, y al tratar de buscarla en una cueva encontró unas ánforas y dentro de ellas unos pedazos de cueros, él pensó: “Me haré unas sandalias con ellos”, pero cuando el zapatero limpió los cueros vio que aparecían letras, posiblemente del alfabeto arameo o hebreo y que gran sorpresa al descubrir los científicos y los arqueólogos, que eran textos de la Biblia que habían sido escondidos por los Esenios, en la época de la invasión Romana en Palestina. Me sentía conmovido, quería como leer lo que estaba escrito, me paseaba de un lado a otro observando todo y extasiado por lo que estaba viendo; salí de la exposición y me fui a pasear por los Campos Elíseos, diciéndome, que lejos estaba en el tiempo de mi calle de mi barrio. Tiempo después fui a oír al maestro Alirio Díaz que se presentaba en el Teatro Chatelet de Paris, oí otra música, la buena música, ahí escuché a Tárrega, y si mi memoria no me falla “Recuerdos de la Alhambra”, los valses venezolanos, me sentí orgulloso de ver y escuchar al maestro Alirio Díaz. Yo siempre en mi taller trabajaba escuchando sus interpretaciones, me hacían sentirme que yo había descubierto otro tipo de música. Esa noche me sentí contento de ser venezolano y sobre todo que era de mi querido Estado Lara, (Venezuela) y al salir del concierto, entré a un café a tomarme un chocolate. Qué lejos estaba de esos gritos y de esas trifulcas, de esos ruidos sabatinos. Hoy estoy contento de haberme acercado al arte, a lo bello, a lo sagrado, a lo sublime, a lo humano. Después de tantos años, mis sábados son diferentes... Esteban Castillo Barquisimeto